19 noviembre 2009

Las Encuestas Electorales



El papel de las encuestas
Juan Pardo, abril 2005

…'las encuestas políticas deberían presentarse al público con más advertencias que los paquetes de cigarrillos' (Revista Time, 12-09-88)


Encuesta es un término bien amplio, que ha sido comúnmente utilizado para describir desde aquellas investigaciones que nos muestran, por ejemplo: el estado de las adhesiones ciudadanas hacia figuras públicas; las indagaciones que se refieren a las percepciones, expectativas y demandas que tiene la ciudadanía hacia las instituciones, o bien las actitudes de las personas hacia determinados temas, o sus preferencias de consumo. Incluso, en la definición de sentido común, la palabra “Encuesta” puede servir para describir la opinión de unas pocas personas sobre algún tema, no importando cómo se obtienen tales opiniones.

No voy a pontificar acerca de las condiciones mínimas que se requieren para que unos datos puedan ser llamados “encuesta de opinión pública”, pero al menos es necesario indicar que la experiencia acumulada en la última década sobre las encuestas electorales, nos muestra diversas facetas que son menos conocidas por la población.

No hay que ir muy lejos en el continente para saber que las encuestas, especialmente las de periodos eleccionarios, han tenido aciertos magistrales y errores garrafales. No es novedad que estas han sido utilizadas como insumos privados para la definición de estrategias, o simplemente como arma de campaña, filtrando a la prensa aquellos datos que son más convenientes para lograr un objetivo determinado. Aunque esto a nadie debería extrañarle, porque el mandante siempre tendrá la prerrogativa de utilizar los datos por los que paga de la manera que crea conveniente. Lo penoso es que finalmente se ha sabido que algunas veces simplemente se han “cocinado” datos usando métodos de ponderación sesgados, se han “duplicado casos” para aparentar mayor tamaño de la muestra y menor error muestral en las estimaciones, o en último término, se han “inventado cifras” a partir de encuestas que nunca fueron realizadas.

En el caso de Chile, el hecho de que actualmente no exista una orgánica propia que agrupe a todas las empresas que realizan encuestas de opinión pública, no tiene porqué impedir que la labor que estas desarrollan se realice al margen de un marco ético básico que asegure a la ciudadanía –los consumidores- que está frente a un producto válido y confiable.

Especialmente en contextos eleccionarios, las encuestas de opinión deben asegurar a los ciudadanos que están debidamente informados, a través de mediciones “confiables” hechas por expertos, sobre las actitudes y preferencias que manifiestan las personas. En este sentido, los profesionales que trabajan haciendo encuestas tienen el mandato ético de velar por el interés de los ciudadanos y dar garantía de que los datos son una guía objetiva y confiable sobre el estado de la opinión pública.

Si usted no ha trabajado haciendo encuestas no tiene porqué saber todo el trabajo que éstas involucran; que la investigación mediante encuesta requiere tareas críticas que deben ser ejecutadas por profesionales, ya sea para diseñar la muestra, escribir la encuesta, recoger y supervisar los datos o, procesar y analizar la información.

El ciudadano que se informa tiene que estar atento a las condiciones mínimas que deben cumplir las encuestas -no tan solo aquellas que serán publicadas-, para ser consideradas como tales. Desde esta perspectiva, a los propios medios masivos que divulgan los resultados de encuestas también les cabe responsabilidad a la hora de evaluar el producto que se les ofrece o que compran.

Para que un dato de encuesta merezca ser publicado no sólo debe estimarse su relevancia periodística e impacto masivo, sino que además deben considerarse factores técnicos que permitan discriminar sobre la calidad de la fuente.



Un Poco de Historia

Hay coincidencia en señalar a la campaña presidencial de Estados Unidos del año 1936 como el hito que marca el nacimiento de las encuestas de opinión pública. A propósito de aquellas elecciones, una publicación de la época -“The Literary Digest”- envió cuestionarios a 10 millones de norteamericanos preguntando por sus preferencias electorales, para lo cual utilizó su base de suscriptores, direcciones de propietarios de teléfono y bases de propietarios de automóviles; recogiendo finalmente cerca de dos millones y medio de respuestas (± 24% del total de envíos). Finalmente, el análisis de estos resultados indicaba la victoria del candidato Landon –el perdedor- con un error de 19% respecto del resultado finalmente observado.

Por contraste, personajes como
Elmo Roper, Archibald Crossley y George Gallup, entre otros, utilizando muestras nacionales con procedimientos de selección rigurosos, de entre 3.000 y 5.000 casos, predijeron acertadamente la victoria de Roosvelt. De ahí en adelante, profesionales de distintas áreas, especialmente biólogos, economistas, matemáticos y estadísticos- contribuyeron al desarrollo del método de investigación por encuestas.


Normas Básicas para Publicación de Encuestas

Existe consenso universal respecto de las normas básicas que rigen la publicación de encuestas en períodos electorales
. Sin intentar ordenarlas por su grado de importancia, las directivas principales abarcan dos ámbitos bien específicos. Por un lado, el lector debe poder discriminar claramente la identidad de quien encarga –financia- y de quien realiza el estudio. Además, es imperativo publicar un resumen metodológico –la ficha técnica- que permita estimar el alcance y potencia de los datos.

Los datos técnicos más relevantes que deberían ser consignados son: 1) el universo representado (quienes y donde); 2) la técnica utilizada (cara a cara, telefónica, Web); 3) las características de la muestra (método, tamaño, error y cobertura); 4) los datos de campo (duración y fecha de cierre, supervisión, tasas de rechazo). Adicionalmente, en el caso de las preguntas que se publican, debería consignarse el texto íntegro tal como fue formulado en la situación de campo.


¿Qué tanto Afecta a los Ciudadanos la Publicación de Encuestas?

Por un lado, existe evidencia empírica que cualquier efecto de la publicación de encuestas electorales que pueden tener sobre la votación o la conducta de los votantes, es difícil de probar, y en cualquier caso, finalmente es mínima.

Los datos de encuestas adquieren vida cuando son publicados y conocidos por distintos públicos, de manera que inevitablemente en el proceso de publicarlos estos datos serán interpretados y convertidos en noticia de acuerdo a la línea editorial de cada medio.

Por lo demás, en cualquier parte del mundo donde se realicen elecciones democráticas es inevitable que el transcurso de las campañas electorales se publiquen todo tipo de encuestas, aunque muchas veces bajo el fragor de la contienda los controles de calidad no son muy exhaustivos.


El Auge de las Encuestas Telefónicas

Aún cuando persiste todavía el debate sobre la representatividad y la capacidad de penetración en segmentos de difícil acceso, coincido con la afirmación de que las encuestas telefónicas deberían ser usadas con cautela en períodos electorales, especialmente debido al sesgo de cobertura que se introduce, dejando fuera de la consulta a quienes no poseen teléfono –casi siempre los estratos socioeconómicos más bajos de la población-, aunque para el caso de encuestas en el Gran Santiago Urbano y otras grandes ciudades del país los riesgos sean algo menores pero no inexistentes.

Para los más informados y conocedores del tema, es bien sabido que una encuesta realizada cara a cara en los hogares de los entrevistados es al menos tres a cuatro veces más cara que una encuesta telefónica, de manera que la masificación de la técnica responde en alguna medida a la necesidad de ajustarse a las demandas del mercado que siempre presiona por precios bajos, descuentos y atenciones en la lógica de maximizar la inversión.


La Importancia de Saber Preguntar

No han sido pocas las veces que al ver encuestas publicadas en la prensa he tenido la impresión de que no hay reflexión sobre la calidad del “instrumento” que se utiliza para obtener los datos en una encuesta: el cuestionario. En efecto, así como hay situaciones en donde es necesario diseñar un cuestionario en menos de 24 horas para responder a una crisis o evento de la coyuntura política, otras veces, el proceso de pensar las encuestas se convierte en un largo y necesario ejercicio de reflexión intelectual, fundado en planes de análisis que intentan ir más allá de los datos descriptivos.

Es un dato de la causa que tanto en la redacción de las preguntas como en la definición de las alternativas muchas veces está en juego la validez de los datos. Más allá de las preguntas clásicas y universales que toda encuesta electoral contiene, cualquiera que se haya atrevido a diseñar un cuestionario, repitiendo una y mil veces enunciados y alternativas, conoce la máxima que dice: “un cuestionario nunca se termina, simplemente se abandona”.

Se ha escrito sobre las encuestas…

"Lo digo porque lo he vivido. He entregado encuestas a quienes me las solicitaron advirtiéndoles que tienen problemas con su campaña y la respuesta es: ya mandé hacer otra y dice que voy bien."

"Si me hubiera contratado Pilato cuando se le presentó la disyuntiva bíblica, yo primero le hubiera preguntado: A ver, Pilato, ¿a quién quieres soltar? 'Pues a Jesús, ¡hombre!, es buena onda, no ha hecho nada y el otro es un asesino'. Muy bien. Entonces voy y hago el estudio de opinión y me entero de lo que quiere la gente. El consejo es entonces: 'mira, ahorita ni le muevas. Mándate a Jesús unos días a la cárcel y ahí lo tienes hasta que se calme la raza'. Eso es lo que hace el estratega, para eso sirve un estudio de opinión, nunca para tomar las decisiones que debe tomar el político. Mira cómo resolvió las cosas, le preguntó a la gente ¡Y el pobre hombre lleva dos mil años sin levantar imagen!"

"Todavía no conozco a ningún político que haga una encuesta y la publique sólo porque es muy buena onda"

“…Antes del plebiscito El Mercurio publicó un artículo sin firma en el cuerpo de Reportajes en el que se presentaba un sondeo de la empresa Skopus. El artículo era ilustrado por una serie de fotografias en cuya lectura de foto se afirmaba que muestras de 700 a 1.500 personas no eran más que aproximaciones y que recién con muestras de veinte mil casos se podía hacer trabajos que reflejaran la realidad. Entonces Eduardo Hamuy descalificó el tamaño de esas muestras: «Lo hacen para impresionar a clientes que no entienden y cobrarles más»…”

“…antes se hablaba de que estábamos en guerra de encuestas, porque se defendía una metodología contra la otra, y de hecho se demostró que el choque de trenes era un error metodológico. En este momento, de lo que estamos hablando es otra cosa: es el fenómeno de guerra de estrategas políticos, que han considerado que la encuesta es un proyectil más y que la están utilizando como tal...”

“…el presidente de Consultores 21, en una confesión no desmentida, admitió que habían creado una encuestadora paralela y que esa encuestadora Issue S.A., tenía trazada una estrategia "para evitar que la manipulación que los partidos políticos daban a nuestras encuestas socavara el prestigio de Consultores 21". Según Keller, Copei falseó los datos de las últimas encuestas que Issue efectuó y el no reclamó porque "no era conveniente"…”

“…En el 70, la Gallup chilena predijo un amplio triunfo para sus empleadores, el comando alessandrista. Para Hamuy, que dirigía entonces el CEDOP y fue el único que adelantó el triunfo de Allende, el resultado del plebiscito permitió que Gallup-Chile, «fiel a su tradición histórica desde la década del 60, volviera a equivocarse». Hamuy aseguró entonces «aquí hay problemas morales graves, no tiene sentido pagarle a una empresa que va a decir lo que el cliente quiere que le diga»…”

“…Hamuy también denunciaba por este punto las cifras de diez mil a 25 mil encuestados usadas por las empresas financiadas por el gobierno militar: «Es imposible trabajar con esos números y al mismo tiempo hacer un buen sistema de control». Él explicó que su confianza en el trabajo que realizaba el CERC, por la existencia de un equipo de control independiente que revisaba el trabajo de los encuestadores en un 50%. Entonces Méndez dijo que ellos reencuestaban al 20% de sus encuestados para revisar si la encuesta había sido hecha correcta y completamente, y en el lugar que el azar había indicado…”

“…hubo medios que ofrecieron a sus lectores a ocho columnas y como sondeos de opinión con carácter nacional, estudios que se habían obtenido de cuestionarios levantados en estaciones de Metro de la ciudad…”

“…los estrategas políticos de los diferentes partidos han decidido utilizar a las encuestas como proyectiles, como misiles, para, no tanto dirigirlos al votante, creo yo, cuanto dirigirlos a su contraparte, para desestabilizarlos, atemorizarlos y tratar de provocar en ellos errores. Creo que ese es el sentido de por qué existen algunas encuestas, que en realidad son espurias y esas son las que están metiendo el ruido…”

“…No entiendo cómo algunas empresas siguen teniendo clientes para mediciones de opinión pública. Lo entendería si trabajaran en estudios como los rankings de TV, que no se pueden contrastar con la realidad, pero en los trabajos políticos los clientes tienen un control de calidad excelente: la misma elección»…”

“…Para el grupo CEP-Adimark la redacción de las encuestas fue algo básico: «En el plebiscito cuidamos especialmente cómo llamar al candidato. Vimos que decir "Presidente Pinochet" era percibido como oficialista y "General Pinochet" como opositor. Finalmente lo llamamos "Augusto Pinochet Ugarte" porque vimos que esa redacción era percibida como más neutral». Otro control estuvo en la posición política de los encuestadores, que «por ropa, aspecto físico, lenguaje e incluso por las inflexiones en la voz al leer ciertos nombres, trasmiten posiciones políticas», asegura Méndez. Para controlar este factor, CEP-Adimark buscó personas neutrales y también aceptó gente de distintas posiciones políticas entre los encuestadores, para luego equilibrarlos…”

“…si se considera el cálculo que dicta que cada vez que se quiere reducir el error muestral a la mitad, hay que cuadruplicar la muestra; sólo es cosa de multiplicar por cuatro las mil 500 a mil 800 personas que normalmente son consideradas por una empresa encuestadora en su análisis para ver en qué medida deberán aumentar también otros factores…”

“…Si usas un filtro te da una cosa y si quitas una variable te da otra cosa, pero los encuestadores no deberían permitir o usar esos filtros que saben que van a favorecer a su cliente. Hay un problema implícito, por lo menos: es la percepción, en el clima de sospecha, de que todos somos víctimas, de que hay encuestas que están sirviendo los intereses del cliente más que los resultados de la investigación…”

“…Unas encuestas dicen "verde", otras encuestas dicen "azul", otras encuestas dicen "blanco", otras dicen "negro", y al final uno no entiende bien qué es lo que esas encuestas están midiendo y qué es lo que están diciendo, y entonces tampoco entiende muy bien hacia dónde se está inclinando el pueblo…”

“Conforme el ciudadano va recibiendo impactos de información de las distintas campañas de su entorno, en su sociedad, en su familia, va modificando su preferencia que, finalmente, se convertirá en una elección de un candidato o partido. Este instrumento de investigación te permite seguirlo… ¿las tendencias pueden cambiar dramáticamente o una vez que se establecen pueden variar, pero dentro de ciertos rangos?... Pueden cambiar dramáticamente si hay eventos sísmicos que causen esos cambios dramáticos. Ejemplo, la muerte de un ser querido cercano al candidato —toquemos madera— ha cambiado elecciones dramáticamente”.

“El día mismo del plebiscito, El Mercurio en su portada presentaba un titular que yo creo va a pasar a la historia: 55% para el Sí y 46,1% para el No». Las cifras suman más de ciento por ciento»…”

“El edil manifestó que hace tiempo sabía de esta consulta. Me lo comunicó la gente de El Mercurio, que no la publicó porque la consideraron exagerada y conozco perfectamente como se manipuló esa encuesta…''

“En 1970 Gallup-Chile, el Centro de Estudios Socioeconómicos (CESOC) y el Centro de Opinión Pública (CEDOP) fueron los principales institutos que midieron las intenciones de voto de los chilenos. Entonces el CESOC le dio a Alessandri diez puntos de ventaja sobre Allende. Después de la elección, el Colegio de Periodistas le suspendió los derechos gremiales por uso de información falsa a dos periodistas ligados al centro. Los que montaron para el plebiscito una de las encuestas con mayor desacierto eran miembros del Cesoc. Hoy ya se puede afirmar que la encuesta que en julio del 89 decía que el «Sí» tenía el 59,77% frente a un 40,23% del «No» fue o una mentira de quienes difundieron el resultado o una muestra clara de incapacidad profesional de los autores…”

“En cuanto al reproche de que las encuestas se equivocan, esto corresponde a fenómenos como la mala selección de muestras, la sub representación o sobre representación de sectores, a la manipulación o la falsificación y a factores como el temporal. Siempre se señalarán los errores de las encuestas, nunca los aciertos. Tómese por ley: todo político, cuando las encuestas lo favorecen, dirán que son instrumentos serios y que hay que seguir. Cuando no, entonces denostarán de ellas…”

“Estos son los datos publicados. Luego, cada cual puede hacer con ellos como con el horóscopo: creer sólo en lo que le conviene…”

“Estudios de empresas de supervisión independientes han detectado fraudes que superan el 30% en trabajos serios realizados en el país…”

“La mejor encuesta es la que está más cerca, si tuviéramos una de ayer, ésa sería la mejor…”

“Las encuestas al fin y al cabo no son adivinaciones exactas del futuro sino sondeos que reflejan el sentir de las personas en el momento en que son entrevistadas…”

“Las encuestas no son el espejo de la madrastra de Blancanieves”

“Lo que este empate supone en la realidad es que los resultados de las muestras no tienen la suficiente precisión como para inferir hacia cuál candidato se inclinan las preferencias o intenciones de votos, a nivel del universo de votantes potenciales registrados”.

“Los encargados de hacer encuestas, por otra parte, no son tipos fáciles. Siempre están dispuestos a jactarse si su hallazgos son similares al resultado electoral y a encontrar una coartada si desatinaron demasiado. La explicación más común a sus desaciertos es que las encuestas son una “instantánea” de un momento, válida sólo para ese momento”

“Los estudios de opinión no son constancias de mayoría”

“Ninguna candidatura admite creer en las encuestas, pero todas las esperan y miran como si fueran una bola mágica. Después, si es favorable se echa mano de ella; si no, se recurre a aquello tan socorrido de que la verdadera encuesta es la del día de las elecciones…”.

“Parece ser, por lo que muestran hoy los datos, que todos los encuestadores se han vuelto aprendices de brujo…”

“Roberto Méndez, encargado de la encuesta de CEP-Adimark, recordó que en junio el 89 su encuesta dio como resultado un virtual empate entre las opciones del plebiscito. El Mercurio se demoró algunos días en publicarlo, a una columna, al interior del cuerpo C, aunque el día anterior había dedicado tres páginas para publicar una encuesta que le daba al Sí un 60%”.

“Se trata de encuestas, no de profecías…”

“Un conocido dirigente político vasco recordaba recientemente que empresas serias del ramo ofrecían a los partidos encuestas con esta suerte de doble contabilidad, la de uso interno y la de publicar. Para obtener unos u otros resultados basta con hacer un trabajo de cocina más o menos interesado con los datos, lo que habitualmente se consigue alterando la distribución de indecisos entre las distintas opciones…”

“Un día aparece un candidato diciendo que ya subió dos puntos. Otro día el candidato de enfrente dice que le faltan tres puntos para estar igual a su contrincante y un día después alguien habla de empate técnico. Eso no puede ser cierto ¡imagínate! para detectar en una inferencia estadística un movimiento de dos puntos tendrías que estar manejando niveles de precisión menores a 1 por ciento”

”No me mientas directamente, dímelo con una encuesta” titulaba un artículo de la prensa española que comentaba una encuesta “Pocos encuestados –para qué perder el tiempo, si donde se fabrica realmente la encuesta es en la cocina posterior-, y resultados tan semejantes que parece que se los hayan robado unas a otras…”

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Súper bueno todo el aporte con este blog. Hya harto trabajo y paciencia. Algunas páginas las conocía, pero ordenar todo esto. Dime: ¿Este artículo lo escribiste tu?
Saludos,
Hernán Mladinic

Julio dijo...

Bueno el artículo, lo único que hecho de menos en la discusión sobre las encuestas y su valor predictivo es que, a mi juicio, el problema no se encuentra en lo representativas que las encuestas pueden ser de la opinión pública sino en lo POCO representativo que es el padrón electoral respecto de la opinión pública chilena... este asunto es un uno de los aspectos que más motiva el "acabronamiento" de los dirigentes políticos: ellos saben que no tienen para qué pescar a la opinión pública y además saben que NO deben sintonizar con la población sino con una parte de ella... "el padrón"